martes, 24 de junio de 2014

Euthanasia

EUTHANASIA

—¿No crees que deberían ser ellos quienes elijan qué hacer con su vida?

—Van a morir de todas formas y lo sabes. Sólo les estamos ahorrando una muerte lenta y dolorosa.

—Eso no lo sabes —dijo Dave en una voz casi inaudible. Sabía que Ryan llevaba razón—. Y aunque fuera así, no podemos decidir por ellos.

—Ellos están dormidos Dave. No saben lo que pasa, no se enterarán de nada. Podríamos decir que volar la nave es un acto de humanidad.

—¿Un acto de humanidad? —Dave barajaba la idea sin acabar realmente convencido. No podía ser él quien decidiera si toda la tripulación debía morir o vivir.

—Si, un acto de humanidad. No me mires así. Si caemos en ese planeta sabes lo que nos espera. Con suerte moriremos todos del impacto. Pero quién sabe, estas naves son resistentes. Al menos la mitad sobrevivirán, para despertar desconcertados en un lugar desconocido y descubrir más tarde, que están en ese planeta del que todos hablan —Se detuvo y Dave vio como le recorría un escalofrío—. Ese planeta en el que los humanos no son bien recibidos, en el que, a cualquiera que caiga, le espera una muerte horrible.

Dave veía como Ryan no dejaba de mirar el botón. Aquel botón, rojo, rodeado de un estampado de rayas negras y amarillas, cubierto por un protector de plástico que ahora permanecía abierto y dos cerraduras con sus llaves respectivamente colocadas y accionadas. Su llave y la de Ryan. Llevaban horas discutiendo y sabía que no se pondrían de acuerdo. Ryan seguía mirando el botón con los puños apretados.

—¿Quién eres tú para decidir sobre la vida de todas esas personas? —Escupió Dave como último recurso, sabiendo que no surtiría efecto—. Hay gente que ha sobrevivido, no es ningún secreto. Fueron pocos, pero lo consiguieron. Yo puedo decidir qué hacer conmigo y sé que no me importa morir aquí. Sé que lo prefiero a morir allí. Pero no sé qué es lo que quieren los demás y no queda tiempo para preguntarles —Hizo una pausa y se acercó a Ryan—. Si todo sale mal, si caemos y seguimos vivos, seguimos teniendo la opción de elegir morir. Y ellos también la tendrán. Podrán decidir si quieren acabar con su vida o probar suerte.

Dave miró sus ojos y lo supo. Vio en ellos determinación. Iba a presionar el botón y nadie podría impedirlo. Con paso firme, observó como Ryan se acercaba lentamente hacia él, con la mano preparada para pulsarlo. Y él no podía hacer otra cosa que situarse entre el botón y Ryan.

—Aparta —dijo Ryan con falsa calma.

—Sabes que no lo haré.

Inmediatamente después, el puño de Ryan se alzó para apartarlo a la fuerza. El golpe le hizo crujir la mandíbula y le produjo un pitido en el oído. La reacción no se hizo esperar. Dave se lanzó sobre Ryan sujetando sus brazos con firmeza. Pero era demasiado fuerte. Ryan forcejeaba intentando escapar de aquel abrazo opresor, consiguiendo finalmente liberar una extremidad. Ese brazo se alzaba por encima del hombro de Dave, intentando alcanzar el botón. Dave empujaba con todas sus fuerzas, no quería pegarle, sólo retenerlo, pero no podía con él.

Sus esfuerzos no servían para nada. Ryan había conseguido liberar el otro brazo y le empujaba la cara impulsandose por encima suyo hacia el botón, que ya casi podía rozar con la punta de los dedos. Dave le sujetaba por el pecho. En un último esfuerzo, empujó con todas sus fuerzas y consiguió tirarlo al suelo. Se colocó a horcajadas sobre su estómago y le sujetó los hombros.

—¡Cálmate! ¡Déjalo ya!

Ryan seguía forcejeando, pero repentinamente se detuvo. La nave vibraba y sonaba el característico crujido del metal al entrar en contacto con el calor de la atmósfera. Ryan le miró con odio en sus ojos.

—Mátame —susurró.

Y Dave lo miró sabiendo que debía hacerlo. No podía matar a una tripulación sin voz ni voto, pero él se lo estaba pidiendo directamente. Sacó una navaja y tras la confirmación de su amigo, la clavó en el pecho. La sangre fluía. La nave iba a estrellarse. Él había tomado su decisión, ahora el resto tendría que tomar la suya.

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