martes, 24 de junio de 2014

El Mitte

EL MITTE

Me pregunto cómo he llegado a esta situación. Estoy aquí porque el Mitte quería un artículo. Soy un privilegiado por estar aquí, ante el Mitte, en su gran Cybercastillo vetado a todo el mundo. Un privilegiado por ver la cara, no sólo de uno de los Mitte, sino del Gran Mitte. Pero temo por mi vida.

—Por favor, siéntese. No tiene de qué preocuparse. El complejo está diseñado con la mejor tecnología. Gracias a su sistema de seguridad nada puede atravesar estas cuatro paredes. Ni siquiera nosotros —Lo dice tranquilo y con un aire de superioridad. Parece que no le importa que alguien esté tratando de atentar contra su vida—. Si le parece bien podemos comenzar con la entrevista. Al fin y al cabo es para lo que ha venido y pasará un buen rato hasta que salgamos de aquí.

Yo, nervioso, con un molesto pitido en el oído por culpa de la explosión ocurrida hace unos momentos, me siento y enciendo mi instrumental.

—Como sabe, su identidad y aspecto físico no serán mencionados en ningún lugar debido a la conocida ley de anonimato del órgano gubernamental.

—Si. Una ley muy práctica. Si toda la Tierra está bajo el mismo gobierno es lo mejor. Es más difícil odiar a un gobierno sin cara. No hay prejuicios sobre su físico, ni su labia, ni su vida… Incluso resulta más fácil aceptar sus decisiones —Me mira esperando ver mi reacción a su elaborada respuesta.

—Es posible que tenga razón —contesto. Y realmente creo que tiene razón. De haberle visto antes le habría odiado de inmediato—. Comenzaré con la primera pregunta. ¿Cómo se siente al gobernar sobre el mundo entero?

—Mal, me siento mal —Me sorprende su respuesta—. No me mire así. Es mucha responsabilidad. Hace siglos lo máximo era gobernar un país, ahora poseo el mundo y el mundo no es nada agradecido —Miro sus ojos y veo que su contestación es sincera.

—Al parecer siente que el mundo no agradece su mandato ¿Qué cree que ha hecho este gobierno por el mundo y qué mejoras piensan hacer?

—Decir lo que ha hecho este gobierno no sirve de nada. Nunca se puede tener contento a todos —Mira sus manos y calla. La pausa se hace eterna—. En cuanto a las mejoras… todo va a cambiar. No se si a mejor o a peor, pero supongo que espero que todo vaya mejor dado que la historia demuestra que no somos capaces de gobernar de una manera eficiente.

Algo no encaja. Me mira directamente a los ojos y parece que espera que dé con la solución. Sus planes de futuro me inquietan a pesar de no entender qué ha querido decir.

—Creo que no le sigo, ¿Dónde ve el mundo dentro de unos años? —pregunto intentando mantener la profesionalidad.

—Gobernado por otros.

Siento que se ríe de mí y decido terminar con la farsa.

—Se acabó el juego. ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué me ha pedido que le entreviste? Y ¿qué está pasando ahí fuera?

Me mira decepcionado. Supongo que esperaba que el juego durara un poco más.

—Hoy acaba mi mandato. He vendido el mundo y pienso acabar con mi vida. Sólo quería que alguien pudiera explicar el porqué —Le miro insistentemente, esperando que prosiga—. Al final, parece que no estamos solos y creo que ellos sabrán dar un uso a la Tierra que nosotros no hemos sabido darle. Toda esta tecnología no podrá salvarnos de la mala gestión que hemos hecho hasta ahora. Yo no puedo seguir con esto. He visto los problemas del mundo y solo ellos pueden arreglarlo.

No entiendo nada. No tiene sentido.

—¡Explicate! —grito mientras me levanto y le agarro de la camisa.

Él, todavía en calma, me responde entre susurros «A ellos» y señala hacia la ventana. Le suelto y me aproximo con lentitud. Una gran masa metálica atraviesa el cielo y siembra el caos. Vuelvo la vista, incrédulo, para confirmar que lo que ven mis ojos es real. El Mitte ya no está en su sillón. Detrás de su escritorio agarra un arma con la mano y sonríe antes de dispararse. Vuelvo a mirar por la ventana. El fin del mundo se aproxima.

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