martes, 2 de junio de 2015

Trummor

TRUMMOR

Ahí estaba otra vez, como cada día, observando desde el otro lado de la habitación. Me miraba con ansia, como si esperara el momento adecuado para actuar. Sus ojos brillaban entre las sombras y nunca conseguía ver su aspecto. En parte, era por el terror que sentía. No era capaz de mirar directamente a aquel ser que llevaba meses en mi casa. Me observaba, me seguía… Su olor ya era parte de mi hogar, su sonido, lo que me impedía dormir por las noches.

—Doctor Larion, lo estoy viendo —dije a mi psicólogo al escuchar su respiración tras el teléfono.

—De acuerdo, ¿dónde está?

—Está al otro lado de la habitación, en el rincón más oscuro.

—Vale. Recuerda, lo primero es controlar la respiración. Es el momento de poner en práctica los ejercicios que estuvimos ensayando en la consulta. Inspira y expira. Hazlo despacio e intenta relajarte.

Inspiré y expiré tal como decía el doctor. Pero él seguía allí, mirando desde la oscuridad.

—No puedo. Todavía lo veo, me mira. Está esperando.

—Ya lo hemos hablado, Sverd, no es real. Ese bicho gigantesco que te mira y que vive en tu casa no está en realidad, es sólo un producto de tu imaginación. Puede desaparecer si te concentras y te tranquilizas.

—Se lo he dicho Doctor. Es real. No me diga que no lo es. Mi familia lo huele cuando vienen aquí. Piensan que utilizo un nuevo ambientador. Pero no, es él. Huele así desde que él vive aquí. También lo oyen. Escuchan el ruido que hace y ni siquiera se inmutan.

—Lo sé, lo sé. Pero ya sabes que estuvimos analizando eso y llegamos a la conclusión de que vives en un edificio, tanto el olor como los ruidos pueden venir de uno de tus vecinos. Cualquiera de ellos podría  tener algo que oliera así y escuchar esa música con tambores. ¿Hiciste lo que te dije? ¿Preguntaste a tus vecinos?

—No, no lo hice. No quiero que piensen que estoy loco.

—Pues es la única manera. Ya lo sabes. En el momento que comprendas que no es real, dejarás de verlo.

Miré fijamente hacia la oscuridad. Los tambores retumbaban en mis oídos. Cada golpe me paraba el corazón. Me dolían los ojos de mirar fijamente sin ni siquiera parpadear. Los músculos agarrotados tiraban de mí. No podía seguir allí.

—¿Cree que podría tomarme unas vacaciones? No creo que eso entre en conflicto con la terapia y podría ayudarme. Necesito salir de aquí.

—No es lo que yo recomendaría, preferiría que enfrentaras la situación, pero si es lo que necesitas no veo inconveniente. ¿A dónde irás?

—Mi hermano vive en la colonia Lunar. Cogeré una nave hacia allí.

Había cerrado la puerta tras de mí con fuerza y me marchaba solo con lo puesto. No tenía tiempo que perder.

A esas horas, la nave hacia la colonia lunar estaba vacía. El viaje era largo, pero al fin podía descansar. Sabía que era real. Otras personas podían olerlo y escucharlo. Incluso había conseguido grabar sus ojos, una noche en la que todo me daba igual. Pero nadie me creía. Incluso el psicólogo pensaba que era un recurso desesperado para hacer que le creyera. Ahora, en la nave, fuera de allí, estaba a salvo. Me recosté sobre el asiento y cerré los ojos. Escuché el silencio de la nave vacía. Descargué mis pulmones aliviado. Al volver a llenarlos, un olor familiar llegó sutilmente. Al reconocerlo, mis músculos se tensaron. Los tambores comenzaron a sonar.

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