lunes, 28 de octubre de 2013

Die Hexe

DIE HEXE

Decidí visitar a «La Bruja». Sabía que era lo único que me ayudaría. Sonreí pensando en su nombre, no podía ser más acertado. Mis pasos, rápidos, me acercaban cada vez más a ella, mientras pensaba en cuales serían mis palabras exactas. Debía meditar bien cada una de ellas. Sólo con un error descubriría el propósito de mi visita. Pero, ¿acaso no concedía a otros cosas peores?

Paré al llegar a la gran puerta de metal. La crucé con cautela y miré a mi alrededor. Allí estaba, «La Bruja», la máquina más grande e inteligente que el hombre había construido. Un mundo lleno de posibilidades, todas las opciones al alcance de la mano. Con una sola petición, aquella máquina hacía realidad lo que necesitabas. Cualquier artilugio, inventado o no, salía de sus entrañas para concederte tus deseos. Pero no siempre eran cosas nobles las que ayudaba a conseguir.

Todo el mundo tenía sueños, pero no todo el mundo era bueno. Los sueños de unos eran la pesadilla de otros. «La Bruja» no diferenciaba entre el bien y el mal, lo que era correcto y lo que no. Cualquier persona que solicitaba su ayuda recibía algo a cambio. Sin preguntas, sin una valoración sobre el propósito y la repercusión de su petición. «La Bruja» era el invento más dañino y monstruoso creado por el hombre, puesto a disposición de todo el mundo, haciendo de la Tierra un lugar peor del que ya era. Pero ahora, necesitaba su ayuda.

La estancia estaba vacía. A través de la red cualquiera podía conectar con ella. Sin embargo, mi petición requería ir en persona. Estaba nervioso. Necesitaba terminar cuanto antes.  

—Hola —pronuncié en voz alta pensando que no recibiría respuesta.

—Bienvenido, tome asiento.

Su voz metálica me hizo sentir escalofríos. Me senté en un cómodo sillón en el centro de la habitación. El resto de asientos vacíos, que formaban un círculo con el mío, me observaban acusadores.

—Formule su petición.

—Yo… —Las palabras no me salían. Todas aquellas frases coherentes y estudiadas que había ideado por el camino se habían esfumado— Necesito algo.

—Todo lo que necesite puedo conseguirlo. Formule su petición.

—Necesito una máquina del tiempo.

Lo solté sin más. Esperé inquieto a que preguntara el porqué. Estaba expectante, aguardando una negativa por su parte. Nunca se había fabricado algo así.

—Máquina del tiempo. Tiempo estimado de fabricación 720 minutos. Espere por favor.

Me sorprendí al confirmar mis temores, no había nada que «La Bruja» no pudiera hacer. Nada quedaba fuera de su alcance. Esperé las largas horas, hasta que mi encargo salió.

Esa sería su última creación. No podía permitir que siguiera existiendo. Me adentré en la máquina del tiempo y pensé en todo el mal que ella había causado. Sonreí satisfecho mientras pulsaba los botones que me llevarían a un pasado que podía cambiar. Al regresar, ella ya no estaría allí.

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