ANACROFOBIA
Llegaba media hora tarde. El disfraz, elegido por Will, había dado más problemas que otra cosa. Me había tocado ir de astronauta.
Desde fuera podía oírse la música. Llamé al timbre y esperé. Poco después, un robot me abrió la puerta.
—¡Pensaba que ya no vendrías! Estaba a punto de llamarte.
—Lo sé, lo siento. Ha sido culpa del disfraz. No pensé bien lo de las cremalleras.
Pasé lentamente por la puerta y me sentí inquieto. No sabía porqué era, pero no me gustaba. Todo estaba muy oscuro. La música electrónica retumbaba en el suelo y las puertas estaban pintadas como si fueran escotillas de un submarino.
—Se nota que te has currado la decoración —dije a Will gritando para que mi voz se oyera.
—Lo se. Y todavía te queda lo mejor.
Mi inquietud crecía y se convertía en ansiedad. ¿Que había allí que me hacía sentirme tan inseguro? Will abrió la puerta del comedor y mi pregunta encontró respuesta. Era una fiesta temática. Tema: El futuro.
No podía respirar. Me mareaba. Necesitaba sentarme. Me aparté a duras penas de la puerta y me senté en los escalones de la entrada. Me quité el casco rápidamente y pegué una bocanada de aire.
—¿Te encuentras bien?
—No. Creo que me voy a ir. No puedo estar aquí.
—¿Qué tontería estás diciendo? ¿Porqué? ¿Qué pasa? —preguntó Will entre gritos y gestos.
—No puedo explicártelo.
—No te oigo nada ¿«No...» qué?
Tras una serie de ademanes claros, acompañé a Will a la planta superior.
—En serio, si te lo cuento te reirás de mí.
—Te prometo que no lo haré.
Miré escéptico a mi amigo y tardé unos instantes en decidir si contárselo o no.
—Tengo Anacrofobia.
Will torció el gesto e hizo un amago de risa.
—¿Qué tienes qué?
—Anacrofobia, miedo a los viajes en el tiempo. ¡Y tu gran idea es una fiesta en la que parece que hemos viajado mil años al futuro!
—¿Anacrofobia? ni sabía que eso existía —continuó Will todavía sorprendido—. Pero los viajes en el tiempo son algo imposible, sólo teoría. ¡Menuda tontería! Baja conmigo y disfruta de la fiesta. En cuanto te relaciones un poco te olvidarás de los trajes y el decorado. Me lo debes. Hoy no tienes excusa para irte.
Obligado y a regañadiente, bajé al epicentro de la fiesta. No podía aguantarlo, pero tenía que seguir allí.
—Mira, aquella parece interesante —gritó Will en mi oreja a la par que señalaba a una chica vestida de alienígena—. Vete y habla con ella. Seguro que después de que habléis un rato se te olvida que tienes esa cosa.
Me acerqué intentando no mirar a mi alrededor, centrándome sólo en la copa que ella sujetaba en la mano.
—Hola —dije algo nervioso y con la mirada fija en el suelo— me llamo Brian.
—¡Ooh! ¡Un cosmonauta! Es justo lo que estaba esperando. ¿Te gusta navegar por el espacio?
Levanté la vista y enarqué una ceja. La chica se había metido en el papel. Pero, si no dejaba de hablarme como si fuera un auténtico astronauta, no podría aguantar mucho más. Sin embargo, Will tenía razón, la chica era muy guapa y no quería ser grosero con ella, así que decidí seguirle el juego.
—Sí, es fantástico. Conozco muchas razas alienígenas pero hasta ahora ninguna tan atractiva como tú.
—Que pena que nuestras especies no puedan mezclarse...
La respuesta me hizo reir. Había sido un no en toda regla. Por un segundo, me olvidé de mi fobia. Pero mi reacción la dejó paralizada. No esperaba que me riera. ¿Acaso no era un chiste?
—Perdón. A lo mejor mi reacción ha sido exagerada. La verdad es que me gustaría charlar contigo. Pareces simpática.
Ella sonrió e hizo un gesto de comprensión.
—Entonces tengo la solución. Pero tendrías que venir conmigo.
—¿Ir contigo? —respondí extrañado— ¿A dónde?
—A mi casa. Aquí no estoy cómoda, hay mucho ruido. Allí seguro que podemos hacer algo para que tu especie y la mía sean compatibles —Mi cara debía ser un cuadro. Primero me rechazaba y ahora me invitaba a su casa— Pero sólo si quieres venir, puede que a lo mejor no estés preparado.
—¿Vives muy lejos? —respondí sin entender muy bien el juego de aquella chica.
—No demasiado. Unos cientos de años.
Comencé a sonreír pero un click sonó en mi cabeza. Mi sonrisa desapareció cuando vi que ella no reía. Ni siquiera parecía que estuviese bromeando. ¿Era cierto? ¿Vivía en otra época a «cientos de años»? Entré en pánico. Miré a mi alrededor en busca de Will pero quedé paralizado. Entonces, observé su mano sujetando mi brazo. Lentamente acercó su pulsera a la boca y sus labios susurraron, «Año 2326»
Noté un vacío y lo supe. Mi peor pesadilla se había hecho realidad.
Al igual que el protagonista, ni siquiera sabía que existía una fobia a viajar en el tiempo. Es más, tuve que buscarlo antes de ponerme a leer el relato a ver de qué iba esa palabreja. Pero vamos; te has lucido. No sabía por qué este texto no aparecía en la recopilación de Literautas y, cuando vi tu comentario y cómo hacías mención al título, no pudiste si no picarme de curiosidad.
ResponderEliminarEstá muy conseguida la estructura del relato; aunque el ochenta por ciento de este sea diálogo y la narración sean párrafos cortos y directos, es muy ligero de leer. Además, los mismos diálogos me parecen muy cotidianos, absolutamente para nada forzados y la fobia que tiene el protagonista, aunque extraña, casa muy bien con el relato.
No esperaba una fiesta de disfraces semejante dentro del taller.
Por cierto: a pesar de no publicarse en la recopilación, me alegro de haberlo leído en tu blog, que para eso están.
¡Un abrazo y felicidades!