MANÍA PERSECUTORIA
Los ensayos avanzaban satisfactoriamente. Yo tenía el papel protagonista y me lo sabía a la perfección. Todo era inmejorable, la idea de realizar la obra, poder contar con aquella gente, aquel teatro impresionante... pero algo en el ambiente cambió.
Alguien poco atento nunca lo hubiera dicho, pero yo lo notaba, todos estaban confabulados entre sí. Me di cuenta en uno de los primeros ensayos. Yago hablaba con Casio cuando aparecí y cruzaron una expresión de alarma. Duró unos instantes, pero ahí estaba. Decidí fijarme más y fue en ese momento cuando confirmé que algo se tramaba entre mis compañeros.
Seguí trabajando en mi papel y acudiendo a los ensayos de manera regular, realizando mi labor de manera eficiente, pero cada vez era más evidente. Susurros, gestos, miradas, frases con mensajes ocultos que solo ellos entendían... ¿qué era aquello que ocultaban con tanta pasión?
Pasadas las semanas mi cabeza era un remolino. Habían pasado por ella todas las posibles explicaciones a aquel comportamiento y sin embargo, ninguna me convencía. En algún momento creí que todo se debía a delirios de persecución, pero algo en mi interior me decía que realmente me ocultaban algo. Intenté pensar que aquello no era tan grave y que la realidad era menos cruel que mi imaginación.
Noches en vela, días en ayunas y ellos continuaban compartiendo su secreto. Entonces, y a causa de aquel malestar, fallé prácticamente todas mis frases en el último ensayo. El director de la obra, que interpretaba el papel del Dux, se acercó y me dijo:
- Te veo desmejorado últimamente, ¿te pasa algo?
¿Qué podía contestar? “Si, creo que todos planeáis algo a mis espaldas. Me observáis y me evaluáis continuamente. No puedo comer ni dormir pensando en la variedad de calumnias e insultos que todos decís sobre mí”. Pero no, no podía decir aquello. Pronunciando esas palabras quedaría como un paranoico y les daría otra razón más para insultarme mientras se tomaban tranquilamente un café.
- Estoy agobiado por el estreno de mañana. Creo que algo no saldrá bien y no he tenido la oportunidad de hablar con los demás sobre ello. - fué lo que contesté finalmente.
Noté su expresión de alarma. Las gotas de sudor comenzaban a surgir de su amplia frente y el labio inferior temblaba indeciso. Creí que era mi momento y decidí preguntar.
- ¿Cree que están incómodos conmigo?
- ¡No! - contestó rápidamente - no creo que se trate de eso. ¿Seguro que no es un malentendido? Yo creo que todos están muy agusto con usted.
Intentaba hacer lo que sabía que haría. Quería que creyera que eran cosas mías. No iba a permitir que me tomaran por un paranoico.
- Creo que por el momento no estoy loco - un brillo extraño cruzó sus ojos y me hizo detenerme, tras unos segundos continué - creo que me evitan y que no tienen una buena opinión de mi, incluido usted.
Su lenguaje corporal indicaba que quería escapar de aquella conversación, no se sentía cómodo. Buscaba apoyo mirando alrededor, como si creyera que debía consultar qué debía responder a continuación. Al verse acorralado y sin nadie cerca para aconsejarle, su rostro tornó a un blanco pálido enfermizo, sus piernas flojearon, sus ojos se dirigieron al infinito y lanzó su mano en mi dirección buscando apoyo.
- ¿Se encuentra bien?
Absurda pregunta. Sabía que no se encontraba bien. Pedí ayuda al resto de los que allí estaban y entre todos, le llevamos a un sillón que formaba parte del atrezzo de la obra. Poco a poco fue recuperando el color y ví como todos asentían a la par, confirmando que sabía qué había pasado: yo había estado a punto de dar en la clave. ¿Llegaría a saber algún día de qué iba todo aquello? Y al pensar así, una sensación de deja vù me recorrió el cuerpo y supe que esto ya lo había vivido. No era la primera vez, ni la segunda. Posiblemente ya había ocurrido infinidad de veces.
-----
Desperté en mi habitación acolchada, otra vez. Ahora que sabía la verdad quería volver a la ignorancia. Siempre pasaba lo mismo, siempre los tomaba por enemigos. ¿Cuando conseguiría sumirme en aquel mundo de alucinaciones sin salir de él? Mis imaginarios compañeros de reparto intentaban evitarlo por todos los medios pero siempre volvía a la realidad, aquella realidad amarga y dolorosa. Envuelto en un sentimiento depresivo, sabiendo que pese a estar cuerdo me envolvía la locura, conseguí dormirme.
-----
Me dirigí al ensayo emocionado. Por fin había conseguido el papel que llevaba esperando toda la vida. Interpretaría a Hamlet.
¡Hola!
ResponderEliminarSoy uno de tantos compañeros de Literautas que, buscando el texto del sexto taller, no lo encontré; así pues, vi que tenías un enlace a tu blog y miré a ver si lo encontraba. En cambio, con lo que me he topado ha sido con este texto que, la verdad, no desmerece en absoluto.
Me encanta el personaje principal, como haces sentir al lector sus miedos infundados y su paranoia de que todo el mundo está en su contra. Puede que el giro al final sea un recurso frecuente, pero lo que verdaderamente me ha parecido original es que esté cuerdo y consciente de que está envuelto en la locura.
Me ha encantado de principio a fin y me reservo, de momento, el resto de relatos para leerlos más espaciadamente.
¡¡¡Un saludo muy grande y nos leemos!!!
PD: Espero leer el texto de las máscaras de literautas, que tengo curiosidad.