miércoles, 4 de marzo de 2015

Doppelgänger

DOPPELGÄNGER

Su experimento había dado resultado, pero no el que él esperaba. Su reflejo, con una expresión fría y con un toque de locura, lo miraba fijamente. Pero esa no era la expresión que él tenía en aquel momento. Él sentía miedo, un miedo tan profundo que creía que el más mínimo movimiento conduciría a la catástrofe. Su reflejo sonrió. Él seguía inmóvil.

—¿Quién eres? —se atrevió a preguntar, aunque sabía perfectamente la respuesta.

«Tú» fue la réplica sorda que leyó en sus labios. Detrás de su reflejo podía ver como todo era distinto. Todo distorsionado y con un halo de crueldad alrededor. Los colores eran más intensos y todos los rostros, reflejados en las fotografías a su alrededor, lo miraban con la misma sonrisa maléfica y la mirada ausente.

Su reflejo movió los labios. Su boca era tan grande y sus dientes tan afilados que no quería mirarla. «Ven» decía, pero no entendía a qué se refería. En un momento de valentía miró a su alrededor. Seguía sólo, en su oscuro cuarto, igual que hace un momento y nadie podía ayudarlo. Pero, ¿Qué le impedía salir de allí? Una fuerza oscura tan grande que él no podía controlar lo llamaba desde el espejo.

Al mirar de un lado a otro supo que si no lo miraba, todo sería más fácil. Entonces su reflejo hizo un aspaviento para llamar su atención. «¿Qué buscas?», articuló con su asquerosa boca. «Aquí no hay nadie que pueda ayudarte». Aquellos intensos ojos se fijaron en los suyos y volvió a hablar sin producir sonido. «Acércate».

¿Qué había de malo en acercarse? Su mente lógica no dejaba de recordarle que sólo era un espejo, que aquel hombre siniestro no estaba allí realmente, pero el miedo en sus entrañas le avisaba de un mal mayor, le gritaba que debía huir enseguida. Al fin y al cabo nada de lo que estaba pasando era lógico. Nunca pensó que sus teorías fueran a dar un resultado real y menos aún que esos resultados se manifestarían en su propia casa, en su habitación, en el momento menos esperado.

«¿A qué esperas?» dijo su reflejo. ¿A qué esperaba? Tenía que salir de allí.

—¿Dónde estás? ¿Cómo es ese lugar? —Las palabras salieron solas ignorando el peligro.

«Acércate y míralo tu mismo»

No debía hacerlo, lo sabía. No debía acercarse.

—Tengo que irme de aquí —musitó sin apartar la vista de aquel inquietante personaje.

El reflejo se enfureció exagerando todavía más sus malvados rasgos. Aquella expresión de odio y crueldad fue el empujón que necesitaba para salir de allí de una vez por todas. Haciendo uso de todas sus fuerzas, consiguió darse la vuelta y levantó el pie en un intento de dirigirse hacia la puerta. En ese momento y sin que él lo viera, el reflejo enfurecido alargó su brazo atravesando la espesa masa de cristal líquido e introdujo su mano deforme en esta realidad que no era la suya. Antes de que pudiera dar un paso, agarró su camisa y tiró de él con fuerza arrastrándolo sin remedio. En cuanto atravesó por completo el portal que él mismo había creado, a aquella realidad malvada, la habitación quedó en silencio. El espejo no mostraba más que la oscuridad de esa tenebre habitación. Era como si nunca hubiese ocurrido nada.

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